«Era solo una niña cuando mi padre me llevó por primera vez a visitar la fábrica. Pero la imagen de aquella gran fábrica rodeada por el verde de los valles sigue viva en mi mente. Recuerdo perfectamente el camino que recorrí con mi padre; el edificio era precioso, antiguo, pero estaba abandonado, con árboles creciendo en su interior. Se oía el río».
La historia de Lederplast comienza así, a través de los recuerdos de Paola y Sara Russo, hoy al frente de esta importante empresa.
La idea de Lederplast nace de una intuición de Salvatore Russo, nacido en 1936, perito textil, que involucra a un compañero de estudios en la creación de algo alternativo y en apostar por un material derivado del petróleo: el cuero sintético. Todo ello en plena crisis energética. Nadie cree en el proyecto, excepto el señor Salvatore, que funda Lederplast a pesar de que todos intentan disuadirlo. Excepto su esposa Anna Maria, que conoce bien los idiomas y que, junto con su marido, inventa la marca: leder (piel en alemán) plast (del inglés).
Estamos en 1973.
«Se pasó de un momento en el que el plástico era muy interesante,
en los años 60, a un periodo en el que se demonizó debido a la crisis del petróleo. Luego, con el tiempo, gracias a una nueva sensibilidad, la atención al reciclaje y la posibilidad de no utilizar pieles animales volvieron a poner al PVC bajo una luz positiva. Pero han hecho falta años. Es interesante observar cómo la sociedad y la mentalidad pueden cambiar la percepción de los contenidos a lo largo del tiempo, a pesar de que estos sigan siendo los mismos».
Con esta afirmación, las propietarias nos cuentan cómo la historia de Lederplast ha sido un camino no exento de dificultades, sobre todo teniendo en cuenta el periodo histórico. Pero la visión y la capacidad empresarial del grupo han llevado a la empresa a crecer y superar las contingencias, alcanzando una calidad de producto reconocida a nivel mundial.
Lederplast representa hoy en día una realidad empresarial extremadamente rara en nuestro país: una producción industrial de excelencia que, desde un pequeño valle alpino, donde produce e investiga, exporta a todo el mundo.
Y es precisamente esta conexión con el territorio lo que hace que Lederplast sea especial: a lo largo de los años, la empresa ha sabido mantener la calidad de su producción, ha incentivado la permanencia de los jóvenes en el territorio y ha contribuido a dar valor a los valles de Lanzo. Todo ello respetando el medio ambiente que la rodea, controlando constantemente sus emisiones para salvaguardar el ecosistema en el que se encuentra. El uso de gas líquido y de un sistema de refrigeración que mantiene inalterada la pureza del río adyacente, así como el uso de la central hidroeléctrica para la producción de energía limpia, demuestran la plena adhesión de Lederplast a las cuestiones ecológicas más actuales.
Desde 1988, año de su primera expansión en el extranjero, la presencia de Lederplast en el mundo ha crecido constantemente. Incluso después de 50 años, la empresa pretende mantener firmes sus raíces territoriales y familiares.
Valores como la «territorialidad» y la «sostenibilidad medioambiental» se han visto acompañados por una búsqueda continua de la perfección de sus productos gracias al laboratorio interno dedicado a la investigación y el desarrollo.
La pasión, la innovación, el respeto por el territorio y la excelencia del producto son los valores que, hoy como ayer, caracterizan a la empresa y la guían hacia el futuro.